Sismo de 5,1 a las 10:28 a. m. frente a la costa de Áncash, Perú
El epicentro quedó en el Pacífico, a la altura de Huarmey, a 32 kilómetros de profundidad. Se sintió en Chimbote, Barranca y Lima; la Marina de Perú descartó un tsunami y no hubo reportes de daños ni de heridos.

Un sismo de magnitud 5,1 se registró a las 10:28 a. m. de este lunes 2 de noviembre, hora de Colombia, que es la misma de Perú, frente a la costa de la región peruana de Áncash, a la altura de la ciudad de Huarmey, unos 250 kilómetros al norte de Lima. Según el Servicio Geológico Colombiano, que ya revisó la medición, el epicentro estuvo en el mar y a 32 kilómetros de profundidad.
El movimiento se sintió en buena parte de la costa central peruana, con más fuerza en Chimbote y Barranca, y llegó hasta Lima. En Huarmey, la ciudad más cercana al epicentro, se percibió con intensidad III-IV: lo bastante para notarse dentro de las casas y hacer vibrar las ventanas, pero lejos de lo que agrieta una pared.
Poco después, la Dirección de Hidrografía y Navegación de la Marina de Guerra del Perú informó que el sismo no genera tsunami en el litoral, y el Centro de Operaciones de Emergencia Nacional pidió a la población conservar la calma. Pasado el mediodía no se había reportado ningún daño material ni personal en Áncash ni en las ciudades donde se sintió.
Esos 32 kilómetros son una profundidad intermedia entre lo superficial y lo profundo. Un sismo que nace muy cerca de la superficie descarga casi toda su fuerza sobre lo que tiene encima; uno que nace a cien kilómetros o más reparte la energía en un recorrido largo y llega arriba debilitado. Este quedó más cerca del primer caso, aunque al nacer bajo el mar la sacudida tuvo que recorrer un trecho más antes de llegar a las poblaciones de la costa, y por eso se sintió sin hacer daño.
Es la misma franja del Pacífico donde la placa de Nazca se hunde bajo Sudamérica, el choque que produce casi todos los sismos de la costa peruana. Frente a esta misma costa de Áncash, un poco más al norte, frente a Chimbote, nació el terremoto de 7,9 del 31 de mayo de 1970, el más mortífero de la historia del país: el alud que desprendió del nevado Huascarán sepultó la ciudad de Yungay.


