Petro salió de la Casa de Nariño con dos de sus seis hijos
El primer gobierno de izquierda de Colombia termina con avances en empleo y salario real, y con la seguridad y la corrupción como saldo en contra.

Gustavo Petro salió de la Casa de Nariño el 7 de agosto vestido de blanco, acompañado por dos de sus seis hijos y escoltado por los funcionarios que se quedaron con él hasta el final. La imagen contrastó con la de su llegada cuatro años antes.
En la columna de los logros, el salario mínimo tuvo un aumento real cercano al 39% entre 2022 y 2026. El desempleo cayó a 8% en mayo de este año, el nivel más bajo para ese mes desde 2001. El Gobierno también reivindica avances en reducción de pobreza y en cobertura educativa.
La seguridad, en cambio, se deterioró: 68 masacres en el primer semestre de 2026, 85 líderes sociales asesinados hasta julio y casi 16.000 desplazados en seis meses. La «paz total» no logró acuerdos que redujeran la violencia en los territorios en disputa.
A eso se sumaron la baja ejecución presupuestal en varias carteras, la rotación permanente del gabinete y el escándalo de la UNGRD, el caso de corrupción más grande del cuatrienio, que salpicó a exministros y a expresidentes del Congreso.
Semanas antes de entregar, Petro aseguró que su gobierno «pasará a la historia» y dejó cinco lecciones a sus seguidores. Gustavo Bolívar lo despidió con una carta pública —«Hasta siempre, comandante»— y anticipó que no se retira de la vida pública.
El propio Petro lo confirmó después: dijo que sigue en Colombia y que solo saldrá del país de manera intermitente.


