Dormir en un albergue y salir a trabajar cada mañana
Miles de familias perdieron la casa pero no el empleo. En Cali funcionan albergues temporales y ya hay 3.120 familias inscritas en el registro de damnificados.

Hay una rutina que se repite en los albergues de Cali: la gente que perdió la casa se levanta, deja sus cosas en una colchoneta y sale a trabajar. El terremoto les quitó la vivienda, no el empleo, y las cuentas siguen llegando.
Hasta el 18 de agosto había 3.120 familias inscritas en el Registro Único de Damnificados, y el Gobierno reportaba haber entregado recursos y ayuda humanitaria a más de 1.400.
Los albergues se montaron en escenarios deportivos y equipamientos públicos —uno de ellos en la unidad deportiva Jaime Aparicio— y operan con alimentación, atención básica en salud y control de ingreso.
La Biblioteca Departamental está llegando a esos espacios con actividades recreativas y acompañamiento psicosocial para los niños, con la intención de extender el programa a otros municipios en dos o tres semanas.
El problema viene después, porque un albergue es una solución de días o semanas, no de meses. La transición hacia el subsidio de arriendo depende de que la familia esté registrada en el RUD y de que un peritaje declare la vivienda inhabitable: dos trámites que en emergencias anteriores han tardado más de lo que dura la paciencia de quien duerme en el piso.
Equipos de Gestión del Riesgo, Vivienda y Bienestar Social recorren los barrios afectados para identificar a quienes aún no se han registrado.


