Descartan robo en el crimen del niño de 13 años en El Carmen de Viboral
El alcalde de El Carmen de Viboral descartó que Agustín Alzate Marín, de 13 años, haya sido asesinado para robarle el morral. Las autoridades apuntan a la guerra entre el Clan del Golfo y El Mesa por el microtráfico.

Las autoridades descartaron que Agustín Alzate Marín, el niño de 13 años asesinado a tiros la noche del miércoles 14 de octubre en el barrio La Alambra de El Carmen de Viboral, en el Oriente antioqueño, haya muerto en un robo. La hipótesis que gana fuerza es que cayó en medio de la guerra entre el Clan del Golfo y la banda El Mesa por el control del microtráfico en la región.
El menor caminaba por el barrio cuando dos hombres en motocicleta lo abordaron, le arrebataron el morral y le dispararon. Aunque el primer reporte apuntó a un atraco, el alcalde del municipio, Hugo Jiménez Cuervo, aseguró que esa versión no se sostiene y que el colegio informó que el joven llevaba semanas sin asistir a clases.
«Descartamos que se haya tratado de un hurto, pero seguimos en búsqueda de toda la información para esclarecer esta situación.»
Según las autoridades, los dos hombres de la moto serían integrantes de la subestructura Héroes de Samaná, del Clan del Golfo. Los investigadores establecen si el morral contenía droga para distribuir, pues el menor habría abandonado el colegio dos semanas antes, presuntamente reclutado por El Mesa para vender estupefacientes. Un grupo especializado de la Fiscalía quedó a cargo del caso y analiza las cámaras de seguridad del municipio.
El secretario de Seguridad de Antioquia, Luis Eduardo Martínez, dijo que ya hay varias personas indiciadas y atribuyó la violencia en la subregión a la expansión del Clan del Golfo para controlar la minería ilegal, la extorsión y el microtráfico. El gobernador Andrés Julián Rendón ofreció una recompensa de hasta $200 millones por información que lleve a los responsables.
El crimen ocurre en un municipio que suma 18 homicidios en lo corrido de 2026, frente a 14 en la misma fecha del año pasado, y reaviva la alarma por el uso de niños y adolescentes por parte de las bandas en el Oriente antioqueño.


