Un sismo de 4,9 en Istmina abre una tarde de temblores en Chocó
Ocurrió a las 3:02 p. m. del lunes, a 39 kilómetros de profundidad, y le siguieron otros cuatro de más de 4. Se sintió en Cali y el Eje Cafetero, y no dejó muertos ni heridos.

Un sismo de magnitud 4,9 se registró a las 3:02 p. m. de este lunes 14 de septiembre con epicentro en Istmina, en el Chocó, a 17 kilómetros de Sipí y a 39 kilómetros de profundidad. Fue el primero de una seguidilla: dos minutos después, a las 3:04 p. m., llegó otro de magnitud 4,1, y a las 3:08 p. m. uno de 4,4, los tres en el mismo punto. A las 4:13 p. m. la tierra volvió a moverse con un sismo de 4,9 a 47 kilómetros de profundidad, y a las 5:39 p. m. con otro de 4,5 a 49 kilómetros, también en Istmina.
Boletín del Servicio Geológico Colombiano sobre el sismo de las 3:02 p. m. en Istmina, con el mapa del epicentro.
El de las 3:02 p. m. fue el más sentido de la tarde: el Servicio Geológico Colombiano recibió por él 1.155 reportes de personas que lo percibieron, y con corte a las 4:30 p. m. el conteo de toda la secuencia pasaba de 2.000, sobre todo desde el Valle del Cauca, Risaralda, el Chocó, Antioquia y el Tolima. En Cali se evacuaron de forma preventiva edificios del centro y la Universidad Santiago de Cali. Tras un barrido por la ciudad, la Alcaldía informó que el Sistema Distrital de Gestión del Riesgo no había registrado emergencias, y la Secretaría de Movilidad mantuvo cierres preventivos en el sur, junto a edificaciones que quedaron en riesgo tras el terremoto de agosto.
En Istmina, el único daño reportado fue el de una construcción que ya venía golpeada. El alcalde, Jaison Mosquera Sánchez, informó que una edificación muy afectada por el terremoto del 10 de agosto, que la administración había ordenado desocupar, terminó de caerse. «Estamos enviando personal a las zonas rurales para verificar qué más pudo haber pasado, pero por ahora es solo eso. No hay personas heridas», dijo. El martes, la gobernadora del Chocó, Nubia Carolina Córdoba, confirmó que los movimientos no dejaron pérdidas humanas, aunque advirtió que afectan «la salud mental de la población que no logra terminar de superar la situación porque se sigue repitiendo».
Al miedo se suma la queja de abandono. Mosquera contó que la gente está «muy paniqueada» y que, después de los temblores del lunes, el municipio no había recibido «ninguna pregunta, ningún llamado, ninguna atención de alguna autoridad nacional». A un mes del terremoto, Istmina sigue esperando el banco de materiales y la maquinaria para remover escombros que el Gobierno nacional prometió a los alcaldes de la región. En el municipio, según el alcalde, casi cien viviendas quedaron totalmente destruidas en agosto, y unos 3.000 estudiantes reciben clase en albergues y carpas porque los colegios quedaron gravemente afectados.
La profundidad ayuda a entender por qué se sintió tan lejos sin causar destrozos. Los sismos más destructivos son los superficiales, que nacen a pocos kilómetros bajo tierra y descargan casi toda su energía sobre el lugar; los profundos, en cambio, llegan debilitados. A 39 kilómetros, el de las 3:02 p. m. quedó en una franja intermedia: con fuerza suficiente para notarse en Cali o Pereira, pero a esa magnitud los daños suelen limitarse a construcciones ya debilitadas, como la que se vino abajo en Istmina.
El Servicio Geológico Colombiano explicó que estos movimientos no forman parte de las réplicas del terremoto de magnitud 7,4 que el 10 de agosto sacudió San José del Palmar, en el mismo departamento, y que según la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres dejó 331 muertos y 4.505 heridos. Las réplicas de aquel sismo ocurren a entre 70 y 120 kilómetros de profundidad. Los de este lunes pertenecen al enjambre sísmico que la entidad detectó en la zona después del terremoto: «una secuencia de sismos en la que no se identifica un único evento principal», que puede «durar días, semanas o incluso meses y posteriormente disminuir hasta desaparecer».
Este martes por la mañana, Mónica Arcila, directora de Geoamenazas de la entidad, explicó que el terremoto de agosto, ocurrido a más de 100 kilómetros de profundidad, alteró las rocas que tenía encima y que la sismicidad «se trasladó a la placa superior». Por eso, a diferencia de las réplicas, que van perdiendo fuerza, el enjambre mantiene magnitudes importantes durante toda la secuencia, como los dos de 4,9 del lunes. Sobre si la seguidilla anuncia un terremoto mayor, fue prudente: «No tenemos información ni evidencias para decir que podemos estar ante la inminencia de un evento de mayor magnitud, pero pues tampoco tenemos ningún elemento para descartarlo». Tampoco hay elementos, añadió, para saber cuándo empezará a disminuir.
La jornada se había empezado a mover temprano. A las 9:57 a. m. se registró en Sipí un sismo de magnitud 4,3, y el catálogo de la entidad suma decenas de movimientos menores en Istmina y Sipí desde la madrugada. La actividad tampoco se detuvo al caer la noche: después del de las 5:39 p. m. siguieron en Istmina sismos de 2,8 a las 6:38 p. m., de 3,2 a las 7:09 p. m., de 2,4 a las 8:58 p. m., de 1,7 a las 10:03 p. m. y de 3,0 a las 10:45 p. m.; a las 11:18 p. m. llegó uno de 3,3, del que la entidad recibió 36 reportes de personas que lo sintieron, y a las 11:34 p. m. otro de 2,3. Ya en la madrugada del martes, a las 12:02 a. m., hubo otro de 3,2 a 37 kilómetros de profundidad, del que la entidad recibió dos reportes de personas que lo sintieron, a las 12:22 a. m. siguió uno de 2,9 y a las 2:33 a. m. otro de 2,9, y a las 3:18 a. m. uno de 3,4, el más fuerte de la madrugada, del que la entidad recibió 13 reportes de personas que lo sintieron. Ya de mañana, a las 9:16 a. m., se registró otro de 2,7, y a las 10:50 a. m. uno de 3,8 a 43 kilómetros de profundidad, el más fuerte desde la tarde del lunes, del que la entidad recibió tres reportes de personas que lo sintieron. El recuento puede crecer a medida que los analistas revisan los registros.


