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sábado, 17 de octubre de 2026

Mundo15 de septiembre de 2026Actualizado el 23 de septiembre a las 03:32 p. m.

El sismo de las 10:45 p. m. sí se sintió en Guatemala

El servicio sismológico guatemalteco lo anotó como sismo sensible y terminó por registrar el movimiento de la 1:43 a. m. que vio la red mexicana, aunque más pequeño. Sin daños.

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Atardecer sobre el océano Pacífico desde la playa de Tilapa, en el municipio de Ocós, departamento de San Marcos, el punto habitado más cercano al epicentro, en una fotografía de archivo
Foto: Carlos López Mendizábal · Wikimedia Commons

Un sismo de magnitud cercana a 5 se registró a las 10:45 p. m. de este martes 15 de septiembre, hora de Colombia —las 9:45 p. m. en Guatemala y en el sur de México—, en el océano Pacífico, frente a la costa del departamento guatemalteco de San Marcos. El instituto nacional de sismología de Guatemala lo clasificó como sismo sensible, y esa etiqueta no es una medición sino un hecho: la reserva para los movimientos que alguien de la población se toma el trabajo de reportarle. Más de catorce horas después no se conocían reportes de daños ni de heridos.

El umbral de esa etiqueta es bajo: el propio instituto calcula que un sismo que la gente alcanza a notar ronda el grado II de la escala de Mercalli modificada, el de quien está quieto y en un piso alto y siente que algo se movió. De los sismos que su red anotó en la última semana, más de cien, solo dos llevan esa marca. No dice cuánta gente llamó ni desde dónde, y no ha publicado el boletín con el que suele detallar dónde se sintió. Pero deshace lo que parecía: que el sismo hubiera pasado entero mar adentro sin que nadie en tierra lo advirtiera.

Lo que vino después ya no depende de una sola red. El Servicio Sismológico Nacional de México registró dos movimientos en la madrugada de este miércoles, con once minutos de diferencia, y el instituto guatemalteco terminó por anotar el primero en su mapa, que sus analistas llenan a mano: ocurrió a la 1:43 a. m., hora de Colombia, y entre un catálogo y otro la hora de origen difiere en dos segundos. En lo que no coinciden es en su tamaño. La red mexicana le da magnitud 4,1 y diez kilómetros de profundidad; la guatemalteca, 3,2 y 16 kilómetros. Esa brecha de casi un punto se repite entre las dos en los sismos pequeños de la zona: el de las 5:59 a. m. lo anotó la mexicana con 4,2 y la guatemalteca con 3,2. El segundo movimiento, de magnitud 4,0 y menos de cuatro kilómetros de hondura, a la 1:54 a. m. y 69 kilómetros al noroeste del primero, sigue figurando solo en el catálogo mexicano. El estadounidense no tiene ninguno de los dos.

Con esa segunda medición, la pregunta de si el de la 1:43 a. m. fue una réplica del sismo de las 10:45 p. m. tiene una respuesta más firme. Cada red, midiendo los dos movimientos con sus propias estaciones, lo sitúa cerca de su epicentro principal: a trece kilómetros la mexicana y a catorce la guatemalteca. Si se cruza el epicentro de una red con el de otra, las distancias van de seis a casi cincuenta kilómetros, pero eso mide la discordia entre las redes y no la separación entre los sismos: las dos ubicaciones del mismo movimiento de la 1:43 a. m. quedaron a cuarenta y un kilómetros una de la otra. Todo apunta a la misma ruptura moviéndose otra vez. El de 4,0 queda a unos ochenta kilómetros de las tres soluciones, pero a veintisiete del sismo de magnitud 4,0 que la red mexicana había anotado a las 5:05 p. m. del martes: no es réplica de nada, es el mismo tramo de fosa trabajando. El de las 5:59 a. m. quedó a más de cien kilómetros de la costa y a entre 42 y 59 kilómetros de los tres epicentros, y en la mañana el instituto guatemalteco anotó otros dos, de magnitud 2,8 a las 7:41 a. m. y de 3,0 a las 12:13 p. m., a unos ochenta y a casi cien kilómetros de su epicentro: demasiado lejos para contarlos como réplicas.

Esa discordia viene de que las tres redes midieron el sismo por separado y ninguna coincide con las otras. El instituto de Guatemala le da magnitud 5,2 y 6,9 kilómetros de profundidad, con el epicentro a 77 kilómetros mar adentro del municipio de Ocós. El Servicio Geológico de Estados Unidos lo había puesto en 5,0 y diez kilómetros, a 61 kilómetros de ese mismo pueblo, y el servicio mexicano, en 4,9 y 10,7 kilómetros, a 109. Los tres epicentros se reparten en 48 kilómetros de mar y el guatemalteco cae entre los otros dos. El guatemalteco es, además, el que más magnitud le asigna y el que más somero lo pone.

La profundidad es el dato que decide cuánto daño hace un sismo, y ahí las tres sí van juntas: entre siete y once kilómetros. Un movimiento tan somero concentra el golpe en un radio corto en lugar de repartirlo: uno de la misma magnitud a cien kilómetros de hondura se nota en un territorio mucho más amplio, porque las ondas viajan lejos, pero llega debilitado al lugar donde está la gente. El que agrieta paredes es el superficial. Lo que aleja el riesgo esta vez no es la hondura sino la distancia: aun con la localización más cercana a la costa, entre el sismo y el primer pueblo habitado hubo sesenta kilómetros de agua.

Que las cifras no cuadren tiene una explicación de geometría. El epicentro quedó mar adentro y del lado del océano no hay sensores, así que todas las estaciones que lo registraron están en tierra y lo rodean por un solo costado. El servicio estadounidense lo resolvió con 74 estaciones y un hueco de 145 grados sin cubrir, y declara un margen de unos siete kilómetros para su localización; el guatemalteco, con 62 estaciones y un hueco de 284 grados, que es casi todo el horizonte. Los diez kilómetros del registro estadounidense tampoco salieron del cálculo: se los asignó un analista, que es lo que se hace cuando los datos no alcanzan para precisar ese valor, aunque el estudio del mecanismo del sismo apunta a once kilómetros y medio. Las cifras mexicana y guatemalteca sí vienen del cálculo.

El movimiento tampoco llegó solo. Ese tramo de mar frente a la frontera de Guatemala y México lleva un mes sacudiéndose: el catálogo estadounidense registra veintisiete sismos de magnitud 4 o más a menos de 150 kilómetros del epicentro desde el 16 de agosto, y cuatro de ellos fueron mayores que el de esta noche, uno de 5,8 el 18 de agosto, uno de 5,6 el 2 de septiembre y dos de 5,3, el 16 de agosto y el 6 de septiembre. Es la fosa Mesoamericana, donde la placa de Cocos se hunde bajo el continente, una de las fronteras de placas más activas de América.

No hay alerta de tsunami: un sismo de este tamaño no mueve suficiente fondo marino para generarlo. Más de catorce horas después, la entidad que coordina la respuesta a desastres en Guatemala no había publicado nada sobre el sismo. El formulario del servicio estadounidense, donde cualquiera puede decir que lo sintió, seguía vacío: quienes lo notaron llamaron al instituto guatemalteco, que es el que atiende ese reporte en el país.

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