El sismo de Los Santos no deja heridos y tumba techos en Argelia
Ocurrió a las 11:45 de la mañana del miércoles, a 149 kilómetros de profundidad cerca de Los Santos. El balance quedó sin heridos ni muertos: en Santander solo daños menores y en Antioquia tres techos caídos.

Un sismo de magnitud 5.1 se registró a las 11:45 de la mañana de este miércoles con epicentro a siete kilómetros de Los Santos, en Santander. Se sintió en buena parte del país —Bucaramanga, Piedecuesta y Floridablanca primero, y también Barranquilla, Medellín, Bogotá, Cúcuta, Ibagué, Neiva, Cali y Popayán— y vació edificios en varias ciudades. Al cierre de la jornada, las autoridades de los departamentos donde hubo novedades habían descartado heridos y muertos, no había llegado ninguna réplica que la gente notara, y los daños conocidos seguían siendo menores: fachadas averiadas y objetos caídos en Santander, una casa agrietada en el propio municipio del epicentro, y los techos hundidos de tres casas centenarias en Argelia, en el oriente de Antioquia, a más de trescientos kilómetros de allí.
La reacción se entiende por lo que ocurrió hace poco más de dos semanas. El 10 de agosto, un terremoto de magnitud 7.4 con epicentro en San José del Palmar, en el Chocó, dejó un desastre que la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres cifraba el miércoles por la noche en 331 muertos, 4.449 heridos y 219 desaparecidos, con afectaciones en 496 municipios de dieciséis departamentos. Desde entonces, en el centro del país cualquier movimiento vacía los edificios. El Servicio Geológico Colombiano aclaró, sin embargo, que el sismo de este miércoles no tiene relación con aquel: son dos orígenes tectónicos distintos.
El movimiento ocurrió a 149 kilómetros de profundidad, y ese dato explica buena parte de lo que pasó después. Un sismo tan hondo gasta energía en el camino hacia la superficie: se percibe en un territorio amplio, porque las ondas viajan lejos, pero llega debilitado al lugar donde la gente lo siente. Uno de la misma magnitud a pocos kilómetros de profundidad habría dejado otra cosa. «Este sismo de hoy, de 149 kilómetros de profundidad, tiene como particularidad que por lo general no presenta daños en superficie, pero sí es ampliamente sentido a lo largo de todo el territorio colombiano», explicó Freddy Tovar, sismólogo de la Red Sismológica Nacional del Servicio Geológico Colombiano.
Eso fue exactamente lo que pasó. El servicio geológico llevaba contados a media tarde 3.490 reportes de sismo sentido, frente a los más de 2.000 que sumaba al mediodía, procedentes de más de cien municipios y centros poblados, sobre todo de Santander, Boyacá y Antioquia, y ninguno de daños: los primeros barridos de los organismos de socorro volvieron limpios, la Cruz Roja Colombiana y la unidad de gestión del riesgo no identificaron afectaciones en la mesa de Los Santos y el Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá informó que no se le había reportado ninguna emergencia. El primer daño apareció a primera hora de la tarde, y lejos de allí.
El balance del departamento del epicentro llegó por la tarde y fue en la misma dirección. Eduard Jesús Sánchez Ariza, jefe de la Oficina para la Gestión del Riesgo de Desastres de Santander, informó que más de cuarenta municipios habían reportado y que en ninguno hubo afectaciones significativas: «A hoy, más de 40 municipios han reportado y no tenemos ninguna afectación significativa». Lo que sí llegó a los organismos de emergencia fueron daños menores en edificaciones, según detalló el propio Sánchez: fachadas averiadas y objetos adheridos a las paredes que se vinieron al suelo por la fuerza del movimiento. La única avería de alguna entidad identificada en todo el departamento fue una vivienda con grietas leves en Los Santos, el municipio del epicentro. Ninguna estructura vial colapsó, de modo que las carreteras santandereanas no registraron emergencias asociadas al sismo. Las autoridades confirmaron además que no hubo personas lesionadas ni pérdidas de vidas.
Aparte de las casas, la inquietud se concentró en un punto concreto: la represa de Hidrosogamoso, por la preocupación de las comunidades que viven en las zonas cercanas. Sánchez dio allí un parte de tranquilidad y aseguró que el movimiento no representa un riesgo para esas familias. La oficina departamental pidió, en todo caso, que cualquier vecino reporte los daños que puedan comprometer la seguridad de las personas.
La cuenta, en todo caso, sigue abierta. La Gobernación de Santander precisó que faltan por entregar informe los comités locales de gestión del riesgo de otros 47 municipios, más de la mitad del departamento. «Seguiremos avanzando con esos reportes para lograr determinar la intensidad que hubiese podido generar este sismo y determinar si generó algún tipo de afectaciones en infraestructuras, en lesionados o en pérdidas de vidas», dijo Sánchez. En Los Santos, las alertas que llegaron de vecinos por posibles fallas en sus casas se concentran en la zona rural, la más dispersa y la que más tarda en dar noticias, y al cerrar la noche la verificación seguía en marcha sin que ninguna se hubiera confirmado.
En el pueblo del epicentro el relato coincidió. El alcalde de Los Santos, Diego Armando Mendoza, estaba en consejo de gobierno cuando empezó el movimiento: «Comenzamos a escucharlo y luego el remezón, aquí sí fue más largo. Alcanzamos a evacuar la alcaldía. La gente también salió de las viviendas, porque está el pánico por lo que pasó en Colombia estos días». Contó que se sintió más fuerte de lo habitual —«un susto bastante complejo», dijo— y que le habían llegado dos llamadas de vecinos con fallas en sus casas: «No fue grave, no hay por el momento lesionados ni personas afectadas, pero sí estamos en el trámite». Horas después, buena parte del municipio seguía fuera de las edificaciones a la espera de una réplica que no se sintió.
El daño que sí quedó a la vista estaba en Antioquia. En Argelia, en el oriente del departamento, se vinieron abajo los techos de tres casas de más de cien años levantadas junto al parque principal: las cubiertas cayeron hacia dentro y estropearon de paso la estructura. No hubo heridos porque quienes vivían allí estaban en ese momento en la huerta. El director de Planeación del municipio, Camilo Montoya, atribuyó el desplome a un desgaste que las construcciones ya arrastraban del terremoto del 10 de agosto: «Seguramente, la estructura de la cubierta quedó afectada, y ya con el sismo de hoy terminó de verse afectada y por eso colapsó la cubierta». La alcaldía está revisando las viviendas con drones y mirando si las familias necesitan albergue temporal. Que el golpe cayera justo allí tampoco es casual: Argelia fue uno de los municipios antioqueños que quedaron tocados por el terremoto de aquel día, y sus habitantes cuentan que el grueso de aquellas afectaciones se concentró en la zona rural, con techos caídos y fallas en muros y soportes. El primer conteo de la tarde habló de dos techos caídos, pero la cifra quedó fijada en tres: es la que dieron las autoridades del municipio y la que confirmó por la noche el gobernador Andrés Julián Rendón al entregar el balance del departamento, en el que dijo haber contactado a los consejos municipales de gestión del riesgo de todo el territorio, tras una inspección del Dagran, sin víctimas mortales ni más afectaciones que las de Argelia. «Continuamos monitoreando la situación para atender cualquier eventualidad», añadió.
Las evacuaciones fueron lo más visible del día. En Bucaramanga salieron a la calle los funcionarios de la Alcaldía, los de la Gobernación de Santander, las dependencias del sector judicial y los empleados de oficinas privadas, y el parque García Rovira se llenó de gente esperando a que pasara el movimiento. Hubo salidas también en Cúcuta y en Ibagué, donde se desalojaron el Palacio de Justicia y la Gobernación del Tolima, y en Bogotá los vecinos de Chapinero salieron a las zonas seguras. La Presidencia de la República informó que mantenía comunicación permanente con los organismos de gestión del riesgo para verificar posibles afectaciones e invitó a la ciudadanía a mantener la calma, y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres activó el monitoreo de su Sala de Crisis Nacional.
En el Capitolio Nacional cada cámara lo resolvió a su manera. La de Representantes suspendió su plenaria y desalojó el recinto, y los representantes no volvieron, así que la sesión quedó para otro día. El Senado siguió sesionando, y allí la salida se sometió a votación: la senadora Carolina Corcho presentó a las 12:23 una proposición para autorizar la evacuación preventiva ante la posibilidad de una réplica y, a las 12:29, ganó el no, con treinta votos contra veinticuatro de los cincuenta y cuatro congresistas que participaron. «Se tuvo que someter a votación una proposición para decidir si evacuábamos o no después del sismo que se sintió en Bogotá», reprochó la senadora Esmeralda Hernández.
La magnitud ya quedó fijada. El servicio geológico publicó primero un cálculo preliminar de 5.4 y lo corrigió poco después a 5.1, la cifra que quedó cuando el evento pasó del procesamiento automático al manual, revisado por un analista con datos de 59 estaciones sismológicas; en toda la tarde, la noche y la madrugada no volvió a tocarla. El punto exacto quedó a siete kilómetros de Los Santos, diez de Jordán y diecisiete de Zapatoca, en la provincia santandereana de Guanentá. El servicio sismológico de Estados Unidos, que mide con otra escala y con otra red de sensores, cerró su propia revisión en magnitud 4.9 a 160 kilómetros de profundidad. Diferencias de ese orden entre dos redes son corrientes y no cambian lo esencial del movimiento.
En todo el día no llegó ninguna réplica que se sintiera, y el catálogo del servicio geológico —que un analista revisa a mano con varias horas de retraso— lleva anotados quince movimientos posteriores en la zona, ninguno con un solo reporte de sismo sentido. El primero ocurrió a las 11:55 de la mañana, diez minutos después del grande; el último anotado hasta ahora, a las 11:32 de la noche, a cinco kilómetros del epicentro. Entre uno y otro hubo trece más, repartidos por la tarde y por la noche. Todos son pequeños: van de magnitud 1.5 a 2.3 —el mayor fue el de las 7:28 de la noche, a once kilómetros del epicentro— y ocurrieron entre 137 y 167 kilómetros de profundidad, la misma franja honda en la que se produjo el sismo principal. El recuento puede seguir creciendo, porque llega tarde: el movimiento de las 4:07 de la tarde no quedó anotado hasta pasadas las ocho, más de cuatro horas después de haber ocurrido; el de las 9:23 de la noche esperó hasta las 12:39 de la madrugada del jueves, y el de las 11:32 no entró en el catálogo hasta la una y cuarenta y cuatro. La entidad no ha dicho si los cuenta como réplicas, y allí la distinción no es evidente: entre la medianoche del miércoles y el sismo el mismo catálogo había anotado otros catorce movimientos en ese radio, todos de magnitud entre 1.4 y 3.1.
El epicentro cayó en el punto donde más tiembla en Colombia. Bajo Los Santos está el nido sísmico de Bucaramanga, una concentración de actividad que reúne, según el propio servicio geológico, entre el 40 % y el 50 % de los sismos que se registran a diario en el país, y que en el mundo solo supera el nido del Hindú Kush. Allí hay decenas de movimientos al día, casi siempre a profundidades cercanas a los 150 kilómetros y con magnitudes tan bajas que nadie los nota: los dos mayores de la madrugada del miércoles, de magnitud 3.1, ocurrieron a la 1:53 y a las 3:56 y pasaron inadvertidos. La entidad recordó, además, que los sismos no se pueden predecir.
Boletín del Servicio Geológico Colombiano sobre el sismo, con el mapa del epicentro.


